El Diario Oficial de Extremadura (DOE) ha declarado Bien de Interés Cultural (BIC) con la categoría de Zona Arqueológica el Castillo de Villalba de los Barros sito en esta localidad pacense. También conocido como Castillo de la Vaguada, esta fortificación es un importante enclave histórico arqueológico, tanto por su relevancia histórica como por las singulares características de los elementos que lo integran.
Cabe reseñar que, previamente, el castillo contaba con la consideración genérica de BIC, pero carecía tanto de una delimitación específica como de una delimitación de entorno de protección, requiriendo una descripción clara y precisa del bien que permitiera su identificación, con sus pertenencias y accesorios, así como la delimitación del entorno necesario para su adecuada protección.
El castillo constituye un testimonio destacado de la arquitectura señorial bajomedieval extremeña y su evolución histórica está íntimamente ligada al desarrollo político de la Casa de Feria y a la consolidación del poder nobiliario en la Baja Extremadura. la elección de Villalba de los Barros como cabecera inicial del incipiente estado de Feria debió ser consecuencia de la conciencia de continuidad con la que Gomes Suárez de Figueroa o, lo que es más probable, su padre el maestre de Santiago, había asumido la herencia del señorío de los Enríquez.
Los orígenes del Castillo de Villalba de los Barros se remontan a época islámica, aunque fue objeto a posteriori de notables transformaciones durante la Baja Edad Media y Edad Moderna. Si bien se tienen datos de una primera ocupación durante las primeras taifas, es en época almohade cuando se levanta una primera fortificación defensiva de la que aún se observan en el interior del castillo restos de tapial apoyado sobre un zócalo de mampostería. Así, se puede datar en el siglo XII la fecha en la que situamos los orígenes del Castillo de Villalba de los Barros.
La fortificación se construye, básicamente, con mampostería, si bien la reestructuración llevada a cabo en los inicios del siglo XVI vendría marcada por el uso recurrente del ladrillo. De este modo, los vanos, las bóvedas y los pilares centrales emplearían ladrillos como material edilicio.
El espacio interno se organiza en torno a un angosto patio central del que no se conservan más que los cuatro machones esquineros que sostendrían la galería, de dos alturas, que cerraban dicho patio En el centro se ubica la embocadura de un aljibe de planta cuadrada, de una sola nave. Las estancias se distribuían en torno al patio central, mediante salas alargadas paralelas a las crujías de la galería y a los muros perimetrales de la fortaleza, además de la torre del homenaje, que ha necesitado ser consolidada, si bien la gran joya ornamental del arruinado castillo son los fragmentos de bandas pictóricas que aún se conservan en algunas zonas del piso superior del patio y se extienden hasta las cámaras altas de las torres esquineras.
Cabe apuntar que, ya en 1989, la Junta de Extremadura promovió una primera fase de consolidación y restauración del Castillo. Estos trabajos continuaron en 1994 con la consolidación de toda la muralla perimetral, reconstruyendo aquellos elementos más claros en su definición y que permitieron ir aproximándose a su primitivo estado. Ya en 2010, se llevó a cabo la adecuación y recuperación del entorno del castillo.
El castillo se sitúa cerca del límite noreste del casco urbano consolidado de Villalba de los Barros, sobre una pequeña loma. Esta posición, determinada por sus singulares condiciones estratégicas y naturales, lo convierte en un enclave privilegiado que ha permitido una ocupación continuada a lo largo de la historia.

